Cada deporte tiene su momento
Hay fotografías deportivas que dependen de una fracción de segundo.
En atletismo puede ser el instante exacto en el que un vallista está suspendido sobre la valla.
En fútbol, un remate de cabeza, una entrada, una chilena o cualquier acción donde cuerpo, balón y gesto coinciden en el momento adecuado.
En deportes de contacto puede ser un golpe, una guardia, un desplazamiento o el instante del impacto.
No existe una fotografía universal que funcione para todos los deportes.
Parte de mi trabajo consiste precisamente en entender qué movimientos definen esa disciplina y saber cuándo aparece la imagen.
A veces necesitamos controlar mucho la acción.
Otras veces prefiero que el deportista haga lo que lleva años haciendo y concentrarme yo en encontrar el momento.

No se trata solamente de fotografiar movimiento. Se trata de reconocer qué momento cuenta mejor ese deporte.
El retrato deportivo también puede construirse
La fotografía deportiva no tiene por qué ocurrir únicamente durante una competición.
El retrato permite trabajar otra parte de la imagen del deportista.
En estudio puedo controlar completamente la iluminación, el fondo, el contraste y la atmósfera.
Y según el deporte podemos utilizar recursos diferentes.
En boxeo, kickboxing o deportes de contacto, por ejemplo, puedo trabajar con humo, contraluces, luces de color o pequeñas partículas de agua que ayuden a hacer visible el movimiento y aporten textura a la escena.

El humo puede aportar profundidad y atmósfera.
El agua puede reforzar visualmente un golpe o un movimiento.
Una iluminación más dramática puede acompañar perfectamente la dureza de una disciplina.
Pero probablemente no utilizaría esos mismos recursos fotografiando a un atleta saltando una valla.
Ahí el propio gesto deportivo ya contiene toda la fuerza que necesitamos.
No todos los recursos sirven para todos los deportes. La estética tiene que acompañar a la disciplina, no competir con ella.
La idea se construye hablando con el deportista
Antes de una sesión me interesa saber qué tiene esa persona en la cabeza.
Puede haber visto fotografías que le gustan. Puede tener una referencia. Puede necesitar algo muy concreto. O puede simplemente querer unas fotografías potentes sin tener todavía claro cómo plantearlas.
A partir de ahí construimos.
Me gusta proponer ideas, enseñar referencias y explicar por qué creo que algo puede funcionar.
Pero no imponerlas.
La fotografía termina siendo mucho mejor cuando existe una conversación entre lo que yo puedo aportar como fotógrafo y la imagen que el deportista quiere proyectar.
Y si no existe una idea previa cerrada, no pasa nada.
Precisamente parte de mi trabajo consiste en encontrarla.
Estudio y entorno deportivo pueden contar dos partes de la misma historia
Una sesión puede desarrollarse completamente en estudio. O completamente en una localización deportiva. Pero combinar ambos espacios puede generar un material especialmente completo.
El estudio me permite construir el retrato con precisión.
El gimnasio, la pista, el campo, el ring o la instalación deportiva me permite mostrar al deportista dentro de su propio contexto.
Con Manu Menéndez planteamos precisamente una sesión de este tipo antes de disputar el Campeonato de España de full contact profesional.
Necesitaba imágenes para una entrevista en Diario AS, además de material para promoción, cartelería y redes sociales.
Trabajamos una parte en estudio y después continuamos en su gimnasio.


Eso permitió construir retratos más controlados y, al mismo tiempo, fotografías relacionadas directamente con su entrenamiento y su deporte.
El resultado tenía más posibilidades porque no mostraba solamente cómo era Manu, sino también quién era como deportista.
Una fotografía también tiene que funcionar donde vaya a utilizarse
No hago exactamente la misma fotografía pensando en una red social que pensando en un cartel.
Si sabemos que una imagen puede terminar en cartelería, puedo componer dejando espacio para un nombre, una fecha, un logotipo o información gráfica.
Si necesitamos material para prensa, puede interesarnos una imagen limpia y fácil de integrar en una publicación.
Para redes podemos trabajar otras proporciones y una mayor variedad visual.
Y si existen patrocinadores, también podemos tener en cuenta cómo se muestra la equipación o dónde puede necesitarse espacio dentro de la composición.
La diferencia puede parecer pequeña cuando estamos haciendo la fotografía.
Después, cuando esa imagen llega a un diseñador, un medio o una marca, puede ser enorme.
No fotografío únicamente pensando en cómo queda la imagen hoy. También pienso en dónde tiene que funcionar mañana.
Una sesión completa necesita variedad, no repetición
No necesito producir veinte versiones prácticamente iguales de una misma fotografía.
Prefiero construir una galería donde las imágenes tengan funciones diferentes.
Podemos combinar retrato, acción, entorno, equipación, imágenes más creativas y distintos formatos.
Pero siempre dependerá del proyecto.
A veces necesitamos algo muy concreto. Otras veces tiene sentido construir un conjunto más amplio.
Lo importante es que exista una razón detrás de cada fotografía.
Más imágenes no significan necesariamente una sesión mejor. Más posibilidades útiles, sí.
La imagen también forma parte de la carrera de un deportista
Hoy la imagen de un deportista existe mucho más allá de la competición.
Puede aparecer en una entrevista, un cartel, redes sociales, material promocional, prensa o la comunicación de un patrocinador.
Por eso entiendo la fotografía deportiva también como una forma de construir marca personal.
No para inventar un personaje.
Precisamente lo contrario.
Para conseguir que las imágenes transmitan visualmente quién es ese deportista, qué practica y qué presencia quiere proyectar.

Una fotografía deportiva de impacto no consiste simplemente en hacer una imagen espectacular. Consiste en construir una imagen que tenga sentido para el deportista que tengo delante.