¿Es tu primer book o necesitas renovar el que ya tienes?
Esta es una de las primeras cosas que pregunto cuando alguien me escribe.
¿Has hecho ya alguna sesión de book actoral? ¿Tienes fotografías recientes? ¿Es la primera vez que vas a preparar material profesional?
Si partes de cero, mi recomendación suele ser construir primero un book limpio, natural y versátil.
No intentaría representar diez personajes diferentes ni convertir cada fotografía en una escena. En un primer book me interesa mucho más que podamos ver bien quién eres: tu rostro, tu mirada, tu presencia y tu complexión.
Después ya habrá tiempo de orientar parte del material hacia necesidades más concretas.
Cuando un actor o una actriz ya tiene experiencia y necesita renovar fotografías, me gusta ver primero el book que está utilizando.
Puede haber pasado tiempo. Puede haber cambiado el pelo, la barba, el peso o simplemente su imagen actual ya no corresponderse con las fotografías que está enviando.
También puede ocurrir que una agencia haya pedido material nuevo o que exista un casting determinado detrás de la sesión.
En esos casos no se trata de repetir lo que ya tienes. Se trata de entender qué sigue funcionando, qué debemos actualizar y qué podemos aportar que no exista ya en tu material anterior.
Antes de la sesión necesito saber hacia dónde vamos
Cuando alguien me contacta, no empiezo pensando en qué esquema de iluminación voy a montar.
Primero necesito entender qué necesita esa persona.
Puede ser alguien que está empezando y todavía no tiene ninguna fotografía profesional. Puede ser un actor con años de experiencia que simplemente necesita renovar su imagen. O puede existir un objetivo muy concreto: una agencia, un casting o incluso una producción determinada.
Todo eso cambia el planteamiento.
Si existe una agencia concreta, por ejemplo, tiene sentido investigar cómo presenta actualmente a sus actores, qué tipo de perfiles representa y qué estilo de fotografías utiliza.
No todas las agencias trabajan igual.
Algunas tienen más peso en ficción, otras trabajan también mucha publicidad y otras pueden estar especialmente vinculadas a determinados perfiles o tipos de producción.
Por eso no me gusta plantear el book como una receta universal.
Hay unas bases que funcionan especialmente bien cuando partimos de cero, pero a partir de ahí debemos entender a quién va dirigido el material y qué queremos conseguir con él.
Vestuario: cuanto menos compita con tu rostro, mejor
La ropa es uno de los puntos que más dudas genera y también uno de los errores que veo con mayor frecuencia cuando alguien hace su primer book.
Mi recomendación suele ser sencilla: prendas atemporales, colores relativamente neutros y ropa que no llame más la atención que tú.
Una camiseta blanca, negra, marrón o verde oscuro, unos vaqueros o un jersey sencillo pueden funcionar perfectamente.
No hace falta complicarlo.
Normalmente evitaría prendas con:
- marcas o logotipos visibles;
- estampados muy marcados;
- rayas horizontales o verticales;
- colores excesivamente chillones;
- dibujos;
- texturas demasiado protagonistas;
- tejidos que atraigan la mirada antes que el rostro.
Un jersey de lana con una textura muy marcada puede ser una prenda fantástica y sentarte estupendamente, pero eso no significa necesariamente que sea la mejor opción para un book actoral.
Y ocurre algo parecido con los complementos.
Pendientes muy grandes, joyas brillantes, accesorios demasiado evidentes o incluso unas uñas con un color especialmente llamativo pueden terminar compitiendo con la persona.
No significa que todos los actores deban vestirse igual ni que haya que eliminar cualquier elemento personal.
La cuestión es mucho más sencilla:
Cuando alguien mire la fotografía, quiero que lo primero que vea seas tú.
Mejor traer de más que quedarnos sin opciones
Aunque tengamos previsto trabajar dos o tres cambios, prefiero que haya más ropa disponible.
Puede ocurrir que una camiseta que parecía perfecta en casa, una vez iluminada y fotografiada, no funcione como esperábamos.
Por eso suelo recomendar una serie de prendas que sé que nos van a dar resultado y que quiero que estén disponibles durante la sesión.
A partir de ahí, libertad absoluta.
Si quieres traer una cazadora, un sombrero, una gorra, un pañuelo o cualquier elemento que consideres que puede funcionar, tráelo.
Ya veremos juntos qué utilizamos.
Puede que algo que no estaba previsto funcione estupendamente. Y puede suceder exactamente lo contrario.
Prefiero que sobre y podamos decidir con criterio a necesitar algo durante la sesión y descubrir que no lo tenemos.
Maquillaje: quiero seguir viendo tu piel
En un book actoral prefiero un maquillaje muy natural.
Una base ligera para controlar determinados brillos puede ser útil, pero no me interesa esconder la piel debajo de varias capas de maquillaje.
Si tienes pecas, quiero ver las pecas.
Si hay textura, quiero seguir viendo textura.
Si existe alguna marca característica, forma parte de ti.
No estamos intentando construir una versión artificialmente perfecta del actor o de la actriz. Buscamos una imagen cuidada y profesional en la que esa persona siga siendo perfectamente reconocible.
Al final, quien vea esas fotografías puede encontrarse después contigo en un casting.
Y debe reconocer a la misma persona.
El pelo puede cambiar muchísimo un primer plano
Algo tan sencillo como cambiar el pelo puede producir fotografías muy diferentes.
En una persona con pelo largo podemos trabajar con él suelto, recogido, con coleta o modificando ligeramente su textura.
Y esto sirve tanto para una mujer como para un hombre.
También podemos humedecerlo, cambiar el volumen o variar el peinado.
No necesitamos construir un personaje diferente cada vez.
En muchas ocasiones un pequeño cambio ya modifica bastante la lectura de un primer plano.
Barba, afeitado y pequeños cambios de aspecto
Con los hombres suelo aprovechar bastante la barba cuando existe esa posibilidad.
Si puedes dejarte varios días de barba, muchas veces recomiendo llegar al estudio así.
Empezamos trabajando ese aspecto y después podemos afeitar.
Incluso, si tiene sentido, podemos pasar por algún punto intermedio.

Con el pelo ocurre lo mismo: podemos peinarlo de otra manera, recogerlo si tiene longitud suficiente o introducir pequeñas variaciones.
La idea es conseguir primeros planos diferentes sin dejar de mostrar a la misma persona.
No estamos disfrazando al actor. Estamos explorando distintas maneras de presentarlo.
¿Tengo que saber posar?
No.
Y es una de las dudas que escucho con mayor frecuencia.
Un actor no tiene por qué saber posar como un modelo porque una sesión de moda y un book actoral persiguen cosas diferentes.
Cuando alguien me dice:
Es que yo no sé posar.
mi respuesta suele ser sencilla:
No vamos a hacer moda.
Durante la sesión te voy a dirigir. Podemos trabajar sentado, de pie, con los brazos cruzados, una mano en el bolsillo o mediante pequeñas variaciones de postura.
Pero mi prioridad no es que estés pensando constantemente dónde debes colocar cada brazo o cada pierna.
Me interesa mucho más tu mirada.
Tu presencia.
Tu expresión.
Que estés cómodo y que no parezca que estás intentando hacer una pose.
Hay una frase que resume bastante bien mi manera de trabajar:
No quiero que poses con el cuerpo. Quiero que poses con la mirada.
Cuando hacemos planos más abiertos sí utilizaremos pequeños recursos de posición corporal que ayudan a que la fotografía funcione mejor.
Pero eso te lo iré indicando.
No necesitas llegar sabiendo hacerlo.

Qué conviene traer a la sesión
Aquí prefiero no limitar demasiado.
Antes de la sesión te indicaré una serie de prendas y elementos que considero importantes y que sé que nos van a proporcionar una buena base de trabajo.
Eso sí quiero que esté.
A partir de ahí, puedes traer todo aquello que consideres oportuno.
Por ejemplo:
- más opciones de ropa;
- alguna cazadora;
- productos básicos de maquillaje;
- peine o cepillo;
- elementos para modificar el pelo;
- afeitadora;
- una gorra;
- un pañuelo;
- algún complemento que utilices habitualmente.
Después veremos juntos qué funciona.
A veces una persona trae algo que yo no había previsto y aporta muchísimo.
Otras veces hacemos una prueba, vemos la fotografía y se comprende inmediatamente por qué ese elemento distrae demasiado.
No pasa nada.
El estudio también está para eso: probar, mirar y decidir.
Mi criterio es que no falte aquello que sabemos que funciona y, a partir de ahí, tener libertad para experimentar.
La puntualidad también forma parte de una buena sesión
Puede parecer evidente, pero merece la pena decirlo.
Si hemos reservado la sesión a las 12:00, lo ideal es estar allí unos minutos antes.
No porque tenga ninguna obsesión con el reloj, sino porque el tiempo contratado es tiempo real de trabajo.
Si contratas una hora y llegas quince minutos tarde, estamos perdiendo quince minutos que podríamos haber utilizado para hacer fotografías.
En mis sesiones dejo además un margen aproximado de 15 minutos de cortesía.
Y ese margen puede jugar a tu favor.
Si llegamos puntuales y necesitamos unos minutos adicionales para terminar correctamente el trabajo, podemos aprovecharlos.
Por eso prefiero siempre fijar una hora que sepamos que podemos cumplir con tranquilidad.
Una buena sesión no depende solamente de la cámara y de la luz
La técnica importa, evidentemente.
La iluminación tiene que estar bien planteada, el objetivo debe ser el adecuado y la fotografía tiene que funcionar técnicamente.
Pero hay otra parte que para mí resulta igual de importante: cómo se siente la persona que tengo delante de cámara.
Si alguien está completamente bloqueado o incómodo, eso termina apareciendo en la fotografía.
Por eso trabajo mucho la confianza durante la sesión.
Hablamos.
Vamos rompiendo el hielo.
No espero que en los primeros treinta segundos alguien me entregue automáticamente su mejor expresión.
La sesión tiene que ir creciendo.
La música forma parte de mi manera de trabajar
Normalmente pregunto qué música escucha la persona que estoy fotografiando.
No es una pregunta gratuita.
Me ayuda a conocerla un poco mejor y también a generar un ambiente donde pueda sentirse cómoda.
En el estudio puedes conectar tu teléfono por Bluetooth y poner tu propia música.
Lo hago prácticamente siempre, salvo que alguien prefiera trabajar sin ella.
Y noto muchísimo la diferencia.
La música cambia la energía de la sesión.
Ayuda a relajarse, hace que la persona deje de estar pendiente constantemente del clic de la cámara y, poco a poco, permite que empiece a mostrarse de una manera mucho más natural.
A mí también me ayuda a trabajar con esa energía.
Dirigir sin invadir
También considero importante respetar el espacio de la persona que estoy fotografiando.
Si el pelo está mal colocado, normalmente te indicaré cómo corregirlo.
Si una prenda necesita ajustarse, te lo diré.
No necesito estar acercándome constantemente ni tocando a alguien para poder dirigir una sesión.
Puede parecer un detalle pequeño, pero para mí forma parte de generar confianza.
Cuando una persona siente que tiene su espacio, entiende lo que estamos haciendo y empieza a olvidarse de la cámara, la fotografía cambia.
Lo que tú consideras un defecto puede ser precisamente lo que te hace reconocible
Este es otro tema que aparece con bastante frecuencia durante las sesiones.
Hay personas que llegan preocupadas por una cicatriz, una nariz muy marcada, una asimetría, una oreja, una marca de nacimiento o cualquier otro rasgo físico concreto.
Y en ocasiones me piden que intente esconderlo.
Mi criterio suele ser justamente el contrario.
Un book actoral tiene que representar a la persona que después aparecerá delante de un equipo de casting.
No tiene demasiado sentido eliminar digitalmente algo que forma parte de ti y que estará ahí cuando entres por la puerta.
Pero además hay otra cuestión.
Ese rasgo que tú consideras un defecto puede ser precisamente una de las características que hacen que tu rostro sea reconocible.
En interpretación, diferenciarse no tiene por qué ser un problema.
Puede convertirse en una ventaja.
Por eso prefiero trabajar con las características de cada persona y ponerlas en valor antes que intentar construir un rostro genérico.
Tu físico también forma parte de tu identidad profesional.
El primer plano tiene mucho peso, pero un book no termina ahí
En mi forma de trabajar doy bastante importancia al primer plano.
Es donde podemos trabajar con mayor precisión la mirada, la expresión y pequeños cambios de aspecto.
Por eso suelo intentar conseguir varios primeros planos que sean realmente diferentes entre sí.
En determinadas personas también puede funcionar muy bien un primerísimo primer plano, especialmente cuando existe algún rasgo que merece la pena mostrar con más intensidad.
Pero eso no significa que un book deba estar compuesto únicamente por fotografías de rostro.
También necesitamos planos más abiertos.


El plano medio, el plano americano y el plano general ayudan a mostrar presencia, proporciones y complexión física.
Como punto de partida, yo suelo recomendar aproximadamente ocho fotografías realmente útiles:
- tres o cuatro primeros planos diferentes;
- uno o dos planos medios;
- un plano americano;
- un plano general.
No es una fórmula matemática.
Cada persona y cada objetivo pueden requerir cosas diferentes.
Pero me parece una base muy razonable para construir un book donde cada fotografía aporte información nueva y no tengamos veinte imágenes contando prácticamente lo mismo.
¿Cuántas fotos debe tener un book actoral?Un book general no es lo mismo que preparar material para una agencia o producción concreta
Cuando alguien está empezando, suelo recomendar construir primero una base limpia, natural y versátil.
Es un material que puede permitirte presentarte ante diferentes agencias o castings.
Pero cuando existe un objetivo determinado, el enfoque puede cambiar bastante.
Si un actor me dice:
Quiero intentar entrar en esta agencia.
tiene sentido estudiar esa agencia.
Ver cómo presenta actualmente a sus actores.
Qué tipo de perfiles representa.
Qué fotografía utiliza.
Qué clase de trabajos mueve.
No para copiar literalmente el material de otra persona, sino para entender el contexto al que vamos a dirigirnos.
Y ocurre algo parecido cuando existe interés en una producción concreta.
En ese caso sí puede tener sentido estudiar su tono visual, el vestuario, determinados personajes o incluso cómo se está trabajando la iluminación.
He tenido situaciones en las que un actor necesitaba fotografías prácticamente de un día para otro porque existía interés para una serie determinada.
En esos casos la sesión se plantea de una manera mucho más dirigida.
Eso es completamente diferente de construir un primer book general.
Book actoral y book publicitario no persiguen exactamente lo mismo
También conviene diferenciar estos dos tipos de material.
En un book actoral busco especialmente naturalidad, presencia y una imagen reconocible de la persona.
En publicidad podemos permitirnos jugar muchísimo más.
Podemos trabajar con:
- más energía;
- estilismos más atrevidos;
- colores;
- expresiones más evidentes;
- actitudes más comerciales;
- una imagen mucho más construida.
En publicidad podemos arriesgar con elementos que quizá no utilizaría como base de un book destinado principalmente a ficción.
Son materiales distintos porque cumplen funciones diferentes.
Book actoral vs. book publicitario: diferencias y cuándo necesitas cada unoCómo elegir fotógrafo para tu book actoral
Yo empezaría por el portfolio.
No elegiría un fotógrafo únicamente porque tenga una fotografía con un actor conocido.
Que haya trabajado con profesionales reconocidos puede aportar confianza, evidentemente, pero no debería ser el único criterio.
Miraría si trabaja realmente con actores.
Si entiende para qué sirven esas fotografías.
Si existe consistencia en su portfolio.
Las reseñas.
Los testimonios.
Cómo explica su manera de trabajar.
Y también cómo parece relacionarse con las personas que fotografía.
Porque trabajar un book actoral no consiste únicamente en saber iluminar correctamente un rostro.
También implica saber dirigir, entender el objetivo de ese material y conseguir que la persona pueda mostrarse con naturalidad delante de cámara.
Conocer el entorno también importa
En mi caso, mi relación con el mundo de la interpretación no se limita a las sesiones de book.
He trabajado en fotografía fija para cine, teatro y otros proyectos audiovisuales, además de mantener un contacto habitual con actores, actrices, directores y profesionales vinculados a este entorno.
Uno de los proyectos más importantes que he realizado en ese ámbito fue “Los miércoles no existen”, dirigida por Peris Romano.
Participé realizando fotografía fija y parte del material fotográfico utilizado posteriormente para promoción y cartelería, trabajando durante el proyecto con intérpretes como Eduardo Noriega, Inma Cuesta, Alexandra Jiménez, Gorka Otxoa, William Miller, Andrea Duro y María León. El rodaje contó además con colaboraciones puntuales como la de Jon Sistiaga.
Previamente también había trabajado fotografiando la obra teatral de la que nació posteriormente la película.

No cuento esto porque trabajar en una película convierta automáticamente a nadie en mejor fotógrafo de actores.
Lo importante para mí es otra cosa.
Estar cerca de rodajes, teatro, actores y procesos de interpretación ayuda a entender que una fotografía actoral no es simplemente un retrato bonito.
Tiene una función.
Va dirigida a alguien.
Y la persona que aparece en esa fotografía tendrá después que entrar por la puerta de una agencia o de un casting y seguir siendo reconocible como la misma persona.
Ese contexto también forma parte de mi manera de trabajar un book.
Errores frecuentes al preparar un book actoral
Después de tantas sesiones, hay algunos errores que veo repetirse con más frecuencia que otros. Ninguno es grave por sí solo, pero sí pueden restarle fuerza a tu material.
- Llegar a la sesión sin haber hablado antes conmigo del objetivo: improvisar sobre la marcha nos hace perder un tiempo que podríamos dedicar a hacer fotografías.
- Elegir un vestuario demasiado llamativo, con estampados, logotipos o colores que terminan compitiendo con tu rostro en vez de acompañarlo.
- Abusar del maquillaje, los filtros o un retoque tan intenso que la imagen final ya no se parece a ti. La propia Unión de Actores y Actrices de España respalda que la naturalidad es precisamente lo que más valoran los equipos de casting a la hora de convocar a alguien.
- Seguir enviando el mismo material durante años, aunque tu aspecto, tu edad interpretativa o tu trayectoria hayan cambiado bastante desde entonces.